16 may. 2016

PINTANDO LA PREHISTORIA. Resumen del taller

 
En mi vida había dibujado; desde el cole, supongo, aunque de eso ni me acuerdo. Y me ha gustado hacerlo con Diego de profe y Rústica pensando por nosotros en todo lo demás. Sólo había que escuchar las explicaciones, observar y dibujar. Lo primero, un placer, por las habilidades didácticas del profesor. Lo segundo, personalmente, un gran descubrimiento; aunque lo que he dibujado, la verdad, se parece poco al natural, la observación pausada, profunda, del pliegue de un pétalo de orquídea o de la curva en el pico de un porrón moñudo detiene el tiempo y despeja la mente. La divulgación científica está asegurada en esta actividad; todos los afortunados videntes podemos mirar, si nos ponemos. Dibujar es otra cosa; no voy a ir por ahí enseñando mi cuaderno de campo de este curso en Atapuerca, pero, seguro, voy a seguir utilizándolo. Gracias, Diego.

Carmen.
Panorámica del "aula" de nuestro taller, en el entorno de los Yacimientos de Atapuerca


El fin de semana del 13 al 15 de mayo, hemos vivido una experiencia única en el entorno de los Yacimientos de Atapuerca, en la que para mí, sin duda alguna, lo mejor ha sido conocer a un grupo de maravillosas personas cuyo recuerdo me acompañará hasta que nos volvamos a encontrar, que seguro será más pronto que tarde.

¡Aquí estamos!
Comenzamos temprano el viernes recorriendo el casco histórico de Burgos, degustando sus exquisiteces culinarias en forma de pinchos y conociendo el Museo de la Evolución Humana, hasta encontrarnos con todos los asistentes en el Albergue La Golondrina, lugar de pernoctación ubicado en Olmos de Atapuerca y centro neurálgico de nuestra actividad. Un sitio emblemático impregnado de un encanto atemporal, salpicado de muérdago, de corzos saltando entre los interminables páramos de cereal, y flanqueado por los primigenios bosques de las sierras de la Demanda y Atapuerca.
Trinchera del ferrocarril, inmersos de lleno en los Yacimientos de Atapuerca

El sábado realizamos una visita guiada por los Yacimientos de Atapuerca, atravesando la trinchera del ferrocarril para adentrarnos en la Sima del Elefante, la Gran Dolina y la Galería, un fascinante viaje en el tiempo hasta 1,4 millones de años atrás.

Conociendo la Gran Dolina


Finalizada la visita, nos mantuvimos en los miradores del Yacimiento y calentamos motores tomando apuntes de ilustración de industria lítica, partiendo de las excelentes piezas de arqueología experimental cedidas por Agustín Camacho. 
 
Piezas de arqueología experimental utilizadas para el taller de dibujo de industria lítica, cedidas por Agustín Camacho.

Un momento del taller
Dibujar la Prehistoria en plenos Yacimientos de Atapuerca, una sensación única

Incluso, recibimos la visita de la Televisión de Castilla y León para cubrir informativamente mi taller, ¿queréis verlo? Pues aquí tenéis el reportaje





Ya por la tarde, en los mismos yacimientos, nos centramos en las abundantes orquídeas de la zona, disfrutando del placer de dibujar y pintar del natural estas joyas de la naturaleza en la mejor de las aulas posibles.

Explicando cómo comenzar a aplicar color
Violeta y su orquídea. Estoy seguro de que nunca tuvo mejor pupitre para dibujar...
La orquídea de Cova

Antes del anochecer, visitamos las lagunas de Atapuerca, donde pudimos tomar apuntes del natural de la excelente población de porrones común y moñudo, así como fochas, carriceros tordales, pájaros moscones y otras muchas más especies, y disfrutar de un atardecer impresionante.
Tomando apuntes del natural en la caseta de las lagunas de Atapuerca.

Excelente población de porrón moñudo en el Humedal de Atapuerca, en la imagen muy al fondo.
Atardecer en la laguna de Atapuerca

El domingo comenzamos temprano con una sesión teórico-práctica a partir de los apuntes del natural que pudimos tomar en los Yacimientos, la Sierra y el Humedal de Atapuerca. 
Trabajando sobre los apuntes del natural de porrones común y moñudo tomados la tarde anterior
Una mesa con mucho arte
Posteriormente, nos dirigimos hacia la reserva Paleolítico Vivo, una impresionante dehesa de roble melojo que nos transportó a tiempos remotos, literalmente rodeados como estábamos de bisontes europeos, uros, tarpanes y caballos de Przewalski, disfrutando del placer de dibujar pintar a estos impresionantes animales a escasos metros de distancia.







Anexo: JIZZ Y JAZZ

(Dedicado con cariño a los alumnos del taller)

Jizz: (among birdwatchers and naturalists) the characteristic impression given by a particular species of animal or plant.

Hace 11 años tuve la inmensa fortuna de poder conversar cara a cara con Dave Holland, en una entrevista para Tomajazz. Una de las preguntas que le realicé fue qué recuerdo guardaba sobre Miles Davis, y me encantó su respuesta. Sin ánimo de resultar pretencioso, me permito reproducir una parte a continuación.

Mi recuerdo es que […] permitía a los músicos que, dentro de su música, encontraran una vía propia de creación […]. Siempre, después de tocar su solo se retiraba, se apartaba para dejar seguir a la banda.

Cada vez que imparto un taller de dibujo o pintura, aunque pueda parecer paradójico, recuerdo esas palabras que Holland me transmitió sobre Miles, y con humildad, procuro llevármelas a mi terreno para guiar a los alumnos con pautas que les permitan expresarse personalmente sin limitar sus capacidades a la mera imitación. Para mí es lo más lógico, una actividad formativa de estas características no sólo requiere atención, sino también liberar a través del color y el trazo una potente carga emocional. La gente viene a aprender a pintar, pero eso no tiene que ser precisamente aprender a pintar como yo pinto. Sinceramente prefiero que primero sientan el placer de dibujar y pintar, para después, aprender a dibujar y pintar. Y para mí no hay mayor placer de dibujar y pintar que el hacerlo del natural. La toma de apuntes del natural, captar la impresión de una especie, el jizz, es algo tan puro, tan directo y tan sincero como una improvisación de jazz.

No comparto la idea de la formación bajo la perspectiva de la clase magistral, ni mucho menos la disfruto de esa manera. Más bien la veo como una herramienta dinámica cuya finalidad es que los asistentes salgan de su zona de confort y descubran lo que son capaces de hacer por sí mismos. Y en esa búsqueda procuro acompañarles, porque cada cual se expresa de una manera personal y diferente, y cada cual cuenta con una sensibilidad propia, que es precisamente lo que a mí me interesa potenciar. A partir de ahí, es cuando empieza la verdadera formación.

Por supuesto, inculcando nociones teóricas, estrategias y técnicas de dibujo y pintura, pero intentando guiar a los alumnos para que escarben en su interior en busca de la curiosidad infantil, de ese conjunto de emociones que nos llevan a explorar, a probar, a arriesgar sin el temor de que lo que salga del lápiz o del pincel pueda ser algo feo. ¡Cuánta gente dejó de dibujar porque algún iluminado les dijo en su día que no se salieran de las líneas trazadas, o que no valían para dibujar! ¡Cuántas audiciones infantiles terminan en la frase su hijo/a no vale para la música!

Por eso, desde el principio planteamos esta actividad como un viaje en el tiempo, una vuelta a los inicios de nuestra especie desde una perspectiva que combina divulgación científica, interpretación del (impresionante) patrimonio natural de la Sierra de Atapuerca, y por supuesto, de aprendizaje de dibujo y pintura en plena naturaleza. A la curiosidad infantil no le quedaría más remedio que aflorar. Y os puedo asegurar que así lo hizo.

Eva y Diego, de Rústica, y yo mismo, como chamanes serranos cuya ayahuasca no es sino una caja de acuarelas, guiando a los asistentes por un increíble viaje, ayudados por los estupendos guías de los Yacimientos de Atapuerca, por Edu, de Paleolítico Vivo, y alimentados como dioses en ComoSapiens. Y contando con fabuloso material de arqueología experimental cedido por Agustín Camacho, presidente de la asociación Baylen Antiqua.



¡Ha sido un placer!
Aquí me quedo con el Przewalski. ¡Salud!